Desde muy pequeña, la lectura tiene un lugar destacado en mi vida. Seguramente viene de familia, ya que mi padre es lo más parecido a una biblioteca. Muchas vidas, anécdotas, todos los géneros, obra cumbres, rarezas, ensayos, poemas. Todo en vida.
Crecí entre libros y una biblioteca que cada semana incorporaba uno ó dos nuevos títulos, como mínimo.
Recuerdo estar de chiquita entre los pasillos de librerías de la ciudad. Así que este reconocimiento del lenguaje como antiguo compañero, es natural.